La importancia del control del uso de antibióticos en ganadería

ANTIBIOTICOS-GANADERIA

Las resistencias antimicrobianas generadas por el sobreuso de medicamentos se han convertido en una de las mayores amenazas para la salud humana y animal. Gracias a las regulaciones creadas por instituciones como la Unión Europea y países como España, el mundo comienza a ponerse en marcha hacia un futuro más responsable

El uso de antibióticos en animales de abasto lleva presente en la ganadería desde hace más de sesenta años, tanto para el tratamiento de infecciones, como para promover el crecimiento y garantizar la profilaxis, evitando que el animal se contagie de ciertas enfermedades. Mientras que el primer uso resulta completamente lícito y su necesidad es indiscutible desde todos los campos de la medicina y la veterinaria, el segundo es un producto de la industrialización que se llevó a cabo en el siglo XX y que desencadenó una explotación intensiva de la ganadería en busca de una mayor productividad.

“El descontrol de las resistencias antimicrobianas hará que en 2050 estos patógenos causen una muerte cada tres segundos”

El abuso continuado de antibióticos en animales suministrado en dosis bajas a través de los piensos, con cifras de consumo que doblan las de uso humano, ha propiciado la aparición de patógenos resistentes a los antimicrobianos que, debido a la falta de medidas y consciencia para frenarlos, ha acabado tornándose en un problema para la salud pública. Como explican desde la Facultad de Farmacia de la Universidad Complutense, “debido a la exposición subinhibitoria, que lleva a una presión selectiva, las bacterias pueden desarrollar resistencias por mutaciones cromosómicas y se puede dar la diseminación mediante transferencia horizontal”, exponiendo así a la salud humana a patógenos potencialmente peligrosos.

Estas enfermedades – continúan – están asociadas a mayores costes de tratamiento y a estancias más largas en el hospital”. Además, se estima que 27.000 millones de infecciones al año son causadas por este tipo de patógenos y, de acuerdo con el Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades (ECDC, en sus siglas en inglés), en Europa causan un total de 33.000 muerte anuales. La amenaza llega a tal punto que se estima que en 2050 morirán 10 millones de personas al año por esta problemática, más que por cáncer (8,2 millones de muertes) o por accidentes de tráfico (1,2 millones).

LA LUCHA DE LA LEGISLACIÓN

Su uso lleva intentando regularse desde 1969, cuando el comité de Swann publicó un informe en el que se propuso establecer límites para su uso en piensos. Décadas después, en 1997, la OMS, la FDA y la Organización Internacional de Enfermedades Epizoonóticas comenzaron a hacer la misma propuesta de forma repetida hasta que en 2006 entró en vigor la prohibición en toda la UE del uso de antibióticos como promotores del crecimiento en la alimentación animal.

A partir de esa fecha, quedó prohibida la comercialización y el uso de los últimos cuatro antibióticos que se han permitido como aditivos en los piensos para ayudar al engorde del ganado: monensina de sodio, utilizada para las fases de engorde; salinomicina de sodio, utilizada para lechones y cerdos de cebo; avilamicina utilizada para lechones, cerdos de cebo, pollos de engorde y pavos; y flavophospholipol, utilizado para las gallinas ponedoras, los pollos de engorde, los pavos, los lechones, los cerdos y los terneros de engorde.

Como afirmaron en el comunicado que se lanzó desde la UE, “la prohibición fue el último paso en la eliminación progresiva de los antibióticos utilizados con fines no medicinales” y formó parte “de la estrategia global de la Comisión para hacer frente a la aparición de bacterias y otros microbios resistentes a los antibióticos, debido a su sobreexplotación o mal uso”.

“En 2030, los animales de la indsutria ganadera consumirán un total de 105.600 toneladas de antibióticos”

Por aquel entonces, la UE ya había prohibido que los antibióticos utilizados en medicina humana se añadieran a los piensos, por lo que el nuevo Reglamento sobre aditivos sirvió para completar la medida con la prohibición total de los antibióticos como promotores del crecimiento. Sin embargo, fuera de la Unión Europea todavía no existe una legislación firme y, como explicó hace unos años el informe ‘Global trends in antimicrobial use in food animals’, en 2010 “al menos 63.200 toneladas de antibióticos fueron consumidas por animales de la industria ganadera”.

Para 2030, la predicción del ‘Antimicrobial Resistance Global Report on Surveillance’ publicado por la Organización Mundial de la Salud es que esta cifra aumentará hasta 105.600 toneladas debido al aumento de producción animal, necesaria para satisfacer las demandas del aumento de población. Y, a pesar de que, según un informe elaborado por el ESVAC, en el periodo entre los años 2011 a 2014, su consumo se ha disminuido en un 2,4%, existen países cuyos datos han aumentado, con China, Estados Unidos y Brasil a la cabeza.

¿CÓMO SE GENERAN LAS RESISTENCIAS ANTIMICROBIANAS?

Para entender el problema es necesario, primero, entender qué son y cómo se producen las resistencias antimicrobianas, un proceso que se ha detectado presente en la naturaleza prácticamente desde los primeros antibióticos. De hecho, de acuerdo con la ‘Review on Antimicrobial Resistance’ encargado por el Gobierno británico a la luz del problema de la RAM, “los genes que confieren resistencia a los medicamentos a algunas cepas de bacterias son anteriores a los antibióticos en millones de años”.

En el proceso de suministro de antibióticos a animales los antimicrobianos se incorporan al pienso en forma de aditivo, pero a concentraciones subterapéuticas. No se conoce con exactitud el mecanismo por el cual los antibióticos favorecen el crecimiento, pero se cree que puede ser porque éstos modifican la flora microbiana intestinal, provocando una disminución de los microorganismos causantes de enfermedades subclínicas crónicas. Esto, a su vez, da lugar a un adelgazamiento de la pared de los enterocitos que, unido a la regulación de la flora intestinal, favorece la absorción de nutrientes y un aumento de la producción de vitaminas y otros factores de crecimiento.

“Las resistencias antimicrobianas podrían hacernos perder terreno ganado en la lucha contra enfermedades como el cáncer o el VIH”

Este proceso, como explican desde la Agencia Europea de Medicamentos, es el que también da lugar a la resistencias microbianas y ellos lo resumen en cinco pasos. En primer lugar, se suministran antimicrobianos a los animales de granja. A través de este suministro, la presión de selección conduce a un mayor número de bacterias resistentes y genes de resistencia en el microbiota animal. Llegados a este punto, comienza a generarse la posibilidad de que se dé la propagación de bacterias resistentes y genes de resistencia a los seres humanos, lo que desencadenaría tanto la posibilidad de la colonización con bacterias resistentes como la transferencia horizontal de genes de resistencia a otras bacterias del microbiota humano. Finalmente, de darse este caso, existiría la posibilidad de que fracasara el tratamiento antimicrobiano en el ser humano por infecciones con bacterias resistentes, generando el problema al que nos enfrentamos ahora mismo y que tendrá devastadoras consecuencias en el futuro.

Lo que ha producido el abuso de antibióticos, por tanto, no ha sido la aparición de este proceso. Lo que ha generado ha sido un aumento del ritmo de desarrollo y propagación de las resistencias en un ecosistema médico carente todavía de los fármacos para hacerles frente tanto en medicina humana como en la propia granja, que queda indefensa ante los patógenos.

 

LA SITUACIÓN EN ESPAÑA

En España, las medidas para garantizar el uso responsable de antibióticos tomaron forma en el Plan Nacional de Resistencia a los Antibióticos (PRAN), que se lanzó en 2014 siguiendo una directiva de la Comisión Europea con el objetivo de reducir el uso general de antibióticos.

Para lograr su objetivo, el Plan actúa a través de seis líneas estratégicas: la vigilancia del consumo y de la resistencia a los antibióticos, el control de las resistencias bacterianas, la identificación e impulso de medidas alternativas o complementarias de prevención y tratamiento, la definición de las prioridades en materia de investigación, la formación e información a los profesionales sanitarios y la comunicación y sensibilización de la población en su conjunto y de subgrupos de población. Y, aunque comenzó como un programa voluntario, la industria ha hecho un gran esfuerzo para que sea un éxito en pro de la sociedad. Los números así lo demuestran.

“En el ámbito de la sanidad animal se pudo apreciar en 2019 una reducción del 13,6 % en las ventas de antibióticos veterinarios”

Según los últimos datos del PRAN, el consumo nacional de antibióticos en salud humana refleja una bajada del 11,8 % entre 2015 y 2019. “Así – explican –, la media española de consumo total en esta área ha pasado de las 28,1 DHD de 2015 a las 24,9 DHD registradas en 2019 (1,6 DHD en hospitales y 23,3 DHD en ámbito comunitario)”. Y, a pesar de que la media total española en medicina humana continúa colocándose por encima de la europea (20,1 DHD en 2018), en el ámbito de la sanidad animal se pudo apreciar en 2019 una reducción del 13,6 % en las ventas de antibióticos veterinarios.

Con las últimas cifras añadidas a la estadística – continúan desde el PRAN –, las ventas totales de antibióticos de uso veterinario muestran una reducción del 58,8 % entre 2014 y 2019. España pasa así de los 418,8 mg/PCU contabilizados en 2014 a los 172,4 mg/PCU de 2019, más cerca de la media europea en esta área (107 mg/PCU en 2018)”. Esta reducción del consumo de antibióticos registrada en los últimos años, tal y como afirman ellos mismos, coincide con el desarrollo del PRAN. Además, en porcino esta iniciativa ha logrado disminuir el consumo de colistina un 97,18 % (2015-2018) y en avicultura de carne ha reducido un 71 % (2015-2018) el consumo total de antibióticos.

¿QUÉ MEDIDAS SE ESTÁN TOMANDO?

Sin embargo, el panorama actual fuera de Europa, que ya se ha convertido en una referencia en la implementación de regulación de antibióticos, no es tan alentador. Tal y como explica la Organización Mundial de Sanidad Animal, hoy en día, en muchos países, los agentes antimicrobianos están ampliamente disponibles con mínimas restricciones o control: “De los 132 Países Miembros de la OIE evaluados a través del Proceso de Desempeño de los Servicios Veterinarios de la OIE (PVS), muchos aún no cuentan con una legislación completa y pertinente para garantizar las condiciones adecuadas para la importación, la fabricación, la distribución y el uso de medicamentos veterinarios, incluidos los agentes antimicrobianos”.

Consecuentemente, este tipo de productos circula con libertad y relativamente poco control sobre el mercado, como si se tratara de mercancías ordinarias. Un hecho potencialmente peligroso para el desarrollo y la propagación de la resistencia antimicrobiana cuando, tal y como explica la OIE, se le suma el hecho de que “actualmente se dispone de poca información a nivel mundial sobre los patrones de resistencia en los patógenos animales, crucial para evaluar la evolución de la resistencia a los antimicrobianos en los animales”.

Siendo esto último un problema generalizado a nivel global, el Plan Nacional frente a la Resistencia a los Antibióticos propone un sistema de vigilancia. En términos de medicina humana, en Europa, ese sistema toma forma en el ECDC, la agencia europea responsable de coordinar la vigilancia del consumo de antibióticos en todos los países miembros de la UE a través de la red European Surveillance of Antimicrobial Consumption Network (ESAC-Net). “Para ello – explican desde el PRAN –, cada uno de los Estados miembros reporta sus datos de consumo de antibióticos a la base de datos del Sistema Epidemiológico de Vigilancia (TESSy), lo que le permite elaborar anualmente un análisis de las tendencias del consumo de antibióticos que permite la comparación de datos entre todos los países europeos”.

Y, mientras este órgano continúa creciendo y esforzándose por mejorar su funcionamiento, la Comisión Europea también sigue esforzándose por reforzar el control del uso de medicamentos en animales a través de un nuevo Reglamento, que entrará en vigor el 28 de enero de 2022 y que obligará, entre otras medidas, a que los países de la UE recojan datos relativos a la venta y el uso de los antimicrobianos.

Enmarcado en el objetivo de reducir en un 50% las ventas globales de antibióticos utilizados dentro de la UE en los animales de granja y la acuicultura de aquí a 2030, este nuevo Reglamento continuará y reforzará la lucha contra la resistencia a los antimicrobianos a través de medidas como la prohibición del uso preventivo de antibióticos en grupos de animales y en piensos medicamentosos o restricciones en el uso de antimicrobianos como tratamiento de control para evitar la transmisión de las infecciones.

El reglamento también funcionará como un refuerzo de la prohibición del uso de los antimicrobianos para fomentar el crecimiento y aumentar el rendimiento (complementario a la prohibición de 2006) y establecerá límites máximos basados en evidencia científica para la contaminación cruzada de piensos con antimicrobianos.

“El nuevo Reglamento continuará y reforzará la lucha contra la resistencia a los antimicrobianos a través de medidas como la prohibición del uso preventivo de antibióticos en grupos de animales”

“Además – como explican desde la CE –, los países terceros, en sus exportaciones a la UE, estarán obligados a atenerse a la prohibición del uso de antimicrobianos para fomentar el crecimiento y aumentar el rendimiento, y también a respetar las restricciones relativas a los antimicrobianos reservados para uso humano en la UE”. Cuando entre en vigor, por tanto, se dará otro pasó en la lucha de la CE contra prácticas potencialmente peligrosas en los medicamentos veterinarios y los piensos medicamentosos.

Todas las medidas, sin embargo, serán necesarias e incluso insuficientes, ya que es imposible predecir la trayectoria de la nueva resistencia a los medicamentos que, hasta ahora, solo ha ido en una dirección. Como afirman en la Review on Antimicrobial Resistance realizada a petición del Gobierno británico, “de lo que sí podemos estar seguros es de que, en ausencia de intervenciones para frenar la aparición de resistencias y aumentar el suministro de nuevos antibióticos, los impactos se sentirán no sólo en áreas aisladas sino a un nivel mucho más fundamental, en todas nuestras sociedades y en todos nuestros sistemas sanitarios”. Un uso responsable de los antibióticos es, por tanto, más importante y urgente que nunca.